De vuelta lista de comprobación

checklistSalida de Semana Santa completada (a pesar de buscar el sitio a donde ir con dos días y con la Sra. Salamandra más que estresada porque había que salir sí o sí).

Golondrinas criando. De nuevo, ya sé que soy muy pesado, pero no deja de sorprenderme.

La gata caza, el gato no. Cuando salen al patio el gato juega y se escapa a explorar. La gata ya ha traído: un gorrión, dos saltamontes, dos lagartijas y una salamanquesa, todos vivos. Cuando entra por la cocina todo el mundo sale corriendo y me toca a mi quitarle el bicho y liberarlo.

Los de wordpress me han vuelto a cambiar la interfaz, me he pasado un rato buscando dónde está lo de programar la entrada para el viernes.

Se acerca el fin de semana, me gustaría observar una estrella nueva que dicen que se ve en el trapecio de Orión. Cambia el tiempo, nubes y lluvia.

Todo bajo control.

Anuncios

Una cara conocida

chiquitaAndábamos de vacaciones por Euskadi y todo el mundo (la radio, la recepcionista del hotel…) recomendaba la exposición de escultura hiperrealista en el Museo de Bellas Artes.

La idea era tener un día de museos, primero al Bellas Artes y por la tarde al Guggenheim. Hay incluso una entrada con descuento. Así que al museo, en las taquillas me calculan que es mejor por 2 euros la entrada para los dos museos que usar el vale descuento del hotel. Entramos directamente a la exposición de hiperrealistas y para mi sorpresa está la escultura de la foto. Me quedo pensando en que me suena de algo y al cabo de un rato caigo en que una venus de hace mucho tiempo.

Por la tarde, en el Guggenheim la Salamandrita mayor no sé si por postureo o por lo que sea dice que el arte moderno le gusta. La Salamandrita pequeña y la Sra. Salamandra dicen que eso es engañar a la gente y que lo único bueno del museo es el perro de flores de la entrada. A mi hay cosas que me gustan y cosas que no.

Ahora recuerdo con horror horroroso cómo me querían convencer de que el Starbucks estaba cerca. Cerca y lejos son términos relativos y yo dije que relativamente no iba a andar 90 minutos ida y vuelta para tomar un café de 6 €.

También recuerdo que la Sra. Salamandra puso un poco cara de «¿De qué conoces a esa?» cuando estábamos en la exposición.

De Vuelta

openLevanto la baraja de la tienda y empezamos la temporada.

Tarde.

No precisamente porque haya vuelto ahora de vacaciones, sino porque el trabajo está interesante. Además las vacaciones fueron en dos periodos, con un hueco trabajando en pleno verano en el que no tenía tiempo ni inspiración para escribir nada aparte del consabido “asdf asdf”.

Viajamos, al principio de verano. Este año el País Vasco estaba cerca (esto no lo va a entender nadie). Lo explico: cuando organizamos un viaje en familia abrimos un mapa en un navegador y una página de reservas de hoteles en otro. Proponemos destinos, buscamos hoteles etc.

Casi todos los destinos que propongo yo están lejos, muy lejos o estoy loco. Los que propone la Sra. Salamandra no. Este año el País Vasco lo propuso ella y eso lo colocó en el mapa a una distancia razonable.

Un viaje agradable, buen tiempo y por fin la Salamandrita pequeña pudo oír hablar en euskera, porque el año anterior que fuimos a la Rioja invadimos por un día el sur de la provincia de Álava y no tuvo la oportunidad.

En San Sebastián vimos la playa, en Bilbao el Guggenheim y el Bellas Artes (escultura hiperrealista incluida) y en Vitoria la catedral por arriba y por debajo.

Después calor, mucho calor, trabajo unos días y otro periodo de vacaciones con viaje al sur incluido. Y hace como dos semanas el rescate del nuevo gato, macho, negro y de menos de un mes. Tengo que ponerles una foto del bicho.

Ya les iré contando.

De concierto

Me acuerdo del penúltimo concierto al que fui por iniciativa de las niñas y de la Sra. Salamandra. Lo dije mil veces, os acompaño y hago de chófer y no entro. Me hicieron entrar y me aburrí como una pera limonera. De hecho, me dijeron que no íbamos juntos a más conciertos. Desde luego no tampoco estaba dispuesto a ir.

Hace como un mes la salamandrita pequeña avisa de que viene Alan Parsons a España. Cerca del cumple de la Sra. Salamandra, que pensaba que no iba a poder verlo en directo en su vida. Se compran las entradas (para dos) de las mejorcitas, que son un regalo y preparamos un viaje a Madrid.

Yo amorticé el precio de la entrada al ver la cara de mi mujer cuando la senté en la fila 5. A partir de aquí les dejo esta crónica tan buena. Sólo añadir que cuando escribe lo de “Mientras, delante del escenario, algunos no desfallecían y cantaban desafiando a la climatología.” Somos la Sra. Salamandra, un par de galllegos y yo que no nos movimos de ahí hasta que nos echaron. Y nos trajimos de recuerdo una púa de guitarra de Alastair Greene.

Desde casa

MaroonedPues es raro. Lo normal es que como este blog se escribe desde el trabajo (como decía el que pregonaba en el mercadillo «robao, to robao») Hoy escribo desde casa, el motivo curioso, la familia Salamandra tenía que salir de viaje, pero alguien tenía que medicar y cuidar a la gata. La decisión fue que yo hiciese el viaje de ida, preparase la casa (hay quien tiene pavor a encender un calentador de butano que lleva dos años cerrado) y me volviese en el primer tren.

Varias cosas, el talgo no es lo que era, antes el aire acondicionado en verano hacía que se pasase frío, pero frio de verdad, y al salir a la calle pasar de 18 grados a 40 el golpe era brutal. Renfe, en su infinita sabiduría ponía la calefacción en invierno a lo bestia, de modo que al pasar de 26 grados del tren a 4 en la calle el golpe fuera comparable al del verano. Por supuesto, para consuelo de los que manejen estadísticas de forma habitual, la temepratura media es agradable. El lunes por lo menos la temperatura era decente.

(Miniintroducción) He cambiado de móvil, el viejo tardaba una eternidad en hacer cosas tan exóticas como mostrar el teclado. Hasta la Sra. Salamandra dijo que había que cambiarlo después de probarlo. El nuevo usa microsim y la sim del número del trabajo era normal. El viernes pedí una sim nueva de las que se cortan y me dijeron que estuviese atento a que se perdiera la cobertura para cambiarlas (Fin de la introducción). Así que andaba yo mirando mi móvil cada 2 minutos, el compañero de asiento me pregunta si sé borrar el historial de búsquedas de google. Le digo que lo voy a investigar y empiezo a buscar en google en mi móvil y a intentar borrar. Dos o tres intentos hasta que consigue llegar a la configuración de la app y borrar la caché. Dos cosas curiosas, las búsquedas aparentemente no eran muy «escandalosas» cosas de videos de borrachos, la otra curiosidad era la app con suras del Corán cuya presencia posiblemente explicase la necesidad de borrar cosas.

Llego a casa, pastillas de la gata, paseo de la perra. Cena. Y a partir de ahí empiezan mis vacaciones de no hacer nada. Vacaciones de verdad, sólo tengo que hacer mi comida y dejar la casa decente cinco minutos antes de que llegue la familia. Y estoy haciendo cosas, pero muy despacio y viendo todos los programas de tv que mi mujer odia, particularmente en los que arreglan coches.

Me siento un poco como el del cuadro de Howard Pyle, abandonado en la playa y un mucho como uno que no ha hecho la cama, y son las dos de la tarde. Ahora me voy a hacer la comida y prometo que hago la cama antes de acostarme.

Mapas, escalas, arcos

mapaY salimos de vacaciones. Como siempre había que planificar, y yo ya no planifico mucho. Motivos, varios, el primero el primer teorema de la relatividad de las distancias, que dice que un viaje es absurdamente largo si lo propongo yo, pero otro igual o más largo es razonable si lo propone mi mujer. Igualmente cualquier desvío es improcedente si se me ocurre a mi, pero es conveniente si se le ocurre a una niña de 11 años.

Pues claro… Y luego están los mapas, que alguien le diga a mi familia que los mapas tienen escala, y que sirve para más cosas que para hacer ejercicios en el cole. Porque es importante saber que eso que en el mapa se ve «ahí al lado» está a tres horas de coche, y que yo tengo un mapa en el que la distancia de la Vía Lactea a M100 (5203400000000000000 km) está a 1 cm.

Partiendo de esas premisas resulta que Soria está cerca, La Rioja está cerca, ya que estamos…

Arcos, San Juan de Duero. Si no hubiera sido por el calor insoportable todavía estaba mirando capiteles uno por uno, nos metimos a ver la iglesia y al salir tuvimos un animado debate sobre dónde comer. Y terminamos comiendo en un «Burriking» y terminé ganando la apuesta sobre si era capaz o no de dormir una minisiesta allí mismo.

De ahí a la Rioja alta. A la discusión si ir a ver el Guggenheim era razonable (los mapas, la escala) a decidir que lo de Bilbao para otro viaje y después de ir a ver el hotel del Marqués del Riscal (que es más o menos) nos volvimos para casa sin derretirnos ni tener incidentes.

Mafra

Palácio_Nacional_de_Mafra_(1853)Este verano nos fuimos a Portugal. Zona de Lisboa. Hacía tiempo que no íbamos y no se nos ocurrió nada mejor. Con eso y una oferta de las Pousadas nos pusimos en marcha.

Para prepara el viaje casi tuve que hacer una tesis doctoral sobre peajes portugueses. Me libré porque en la zona sur los peajes son con tarjeta o de pago manual. Si llegamos a ir al norte el pago es terriblemente complicado. También me pegué otra paliza con la tarjeta de transporte de Lisboa.

La comida más cara la vez anterior, supongo que la crisis…

A veces, sin planificarlo especialmente los viajes salen monográficos, una vez hicimos uno de catedrales, otro de iglesias románicas y este iba de palacios.

Queluz, Mafra, Sintra (ahí para descansar de palacios nos fuimos a la Quinta Regaleira), no sé si los reyes portugueses hicieron más palacios que los españoles, pero en número de palacios por kilómetro cuadrado o por habitante seguro que nos ganan.

Mafra. Algo así como el Escorial, creo que más grande. Muy curiosa la enfermería de los monjes, con salida directa al cementerio. Ahora que estoy con cosas de circuitos de limpio-sucio me acuerdo de que los monjes ya lo habían previsto hace muchos años. También es interesante la galería del primer piso, en el grabado, donde está el balcón bajo el frontón de la fachada, todas esas ventanas, de torreón a torreón, corresponden a una galería que da para pasear o para montar en bicicleta. Las habitaciones de los reyes en los torreones, la reina en uno, el rey en el otro, y es que eso de dormir rebujados es cosa de pobres.

Una biblioteca tremenda, Una pena que no se pueda entrar un poco más, con población de murciélagos para que se coman los bichos y evitar que los bichos se coman los libros.

Y en la acera contraria al palacio, un poco más allá del torreón más alejado (diríase en el lado de la epístola) un restaurante portugués barato, alicatado hasta el techo (acabo de buscarlo en el Street View y se llama Primavera). Muy buena comida, muy buenos postres y me sirvió para comer arroz de tamboril de una puñetera vez, porque siempre que iba a Portugal me quedaba con las ganas.

Grabado del Palácio Nacional de Mafra (1853) por João MacPhail.