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La primera vez

emile_jean-horace_vernet_-_the_angel_of_deathFuimos ayer a un funeral. Las Salamandritas han tenido suerte, tienen a sus cuatro abuelos y cuando ha muerto un familiar eran muy pequeñas y era muy lejos para que fuesen. Ayer eran mayores, era cerca y era la madre de una compañera.

Por primera vez han sido conscientes de cómo funciona el mundo, que sobre todo estás vivo porque no estás muerto y que no hay motivos especiales para que te toque. No hemos hablado porque no están para hablar. Creo que se han dado cuenta de que podrían quedarse sin madre o sin padre en cualquier momento. También creo que todavía no se han dado cuenta de que podrían ser ellas, porque son jóvenes.

Y la Sra. Salamandra está fatal, porque empatiza, porque la conocía y porque sí.

Y yo a ratos empatizo con la familia, a ratos veo a mi mujer llorar y veo a mis hijas con cara de pensar en cosas que no habían pensado hasta ahora.

Ayer mis hijas se hicieron más mayores, de golpe.

El cuadro es «El ángel de la muerte» de Émile Jean-Horace Vernet.

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6 pensamientos en “La primera vez

  1. En mi infancia, el contacto con la muerte era muy temprano, en cuanto abríamos los ojos a la realidad que nos rodeaba, veíamos a la gente de luto por los que perdieron en la guerra incivil, a las compañeras huérfanas porque al padre lo habían liquidado los unos o los otros, veíamos también a la compañera que faltaba al colegio porque tenía “algo de pleura”… y terminábamos yendo uniformadas a su entierro. O sea, que nos hacíamos mayores antes.

  2. Mi primer recuerdo de la muerte huele a Ducados. Murió la vecina del tercero, y nos pidieron las sillas para el velatorio, porque…. como era habitual, fue en la casa de la finada. Su casa se llenó de gente, gente que no cabía en la casa o, quizás por despejarse, salía a fumar a la escalera. Y subía el humo del tabaco negro, y se oían sus voces. No fue traumático para mi. El segundo fue más descarnado: un compañero del colegio murió de un derrame cerebral y muchos alumnos fuimos a su casa. Mi curiosidad juvenil me llevó a entrar “a verlo”. Tenía una expresión artificial, y moratones…. Aquella muerte difuminó de mi cabeza la idea de que los niños y los jóvenes “eramos inmortales”. Creo que me vino bien en ese aspecto.

    Recuerdo el primer acercamiento de mis hijos a la muerte de un familiar cercano y querido. Durante horas pensamos cómo había que decírselo para no crearles “traumas”. Al final se lo dije, sin más… “todos nacemos, todos morimos, antes o después”. Me dejó pasmado la naturalidad con la que lo tomaron. No hubo traumas, aunque la echaron, y la echan de menos.

    Es una obviedad absurda pero, es así. Todos nacemos, todos morimos. Y en esta sociedad tratamos con tal asepsia la muerte que la hemos transformado en un tabú maldito. Otros preparan al difunto, otros nos lo muestran a través de un cristal, otros se encargan de llevarlo al cementerio, otros se encargan de enterrarlo o de incinerarlo.

    Quizás sea hora de volver al olor a Ducados del tercero y a aceptar la vida… y la muerte.

    Saludos.

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