De concierto

Me acuerdo del penúltimo concierto al que fui por iniciativa de las niñas y de la Sra. Salamandra. Lo dije mil veces, os acompaño y hago de chófer y no entro. Me hicieron entrar y me aburrí como una pera limonera. De hecho, me dijeron que no íbamos juntos a más conciertos. Desde luego no tampoco estaba dispuesto a ir.

Hace como un mes la salamandrita pequeña avisa de que viene Alan Parsons a España. Cerca del cumple de la Sra. Salamandra, que pensaba que no iba a poder verlo en directo en su vida. Se compran las entradas (para dos) de las mejorcitas, que son un regalo y preparamos un viaje a Madrid.

Yo amorticé el precio de la entrada al ver la cara de mi mujer cuando la senté en la fila 5. A partir de aquí les dejo esta crónica tan buena. Sólo añadir que cuando escribe lo de “Mientras, delante del escenario, algunos no desfallecían y cantaban desafiando a la climatología.” Somos la Sra. Salamandra, un par de galllegos y yo que no nos movimos de ahí hasta que nos echaron. Y nos trajimos de recuerdo una púa de guitarra de Alastair Greene.

Tú que sabes cosas del cielo…

Red_and_green_auroraEl sábado vinieron mis suegros a casa, teóricamente a merendar helado (muy buena idea para un diabético y una intolerante a la lactosa). Lo de la lactosa se arregló con un helado sin lactosa, lo del diabético pensando en que si tienes 91 años y de las pocas cosas que te motivan es comer tampoco es plan de estar fastidiando todo el día.

Las tardes de verano son largas, a veces demasiado largas y entre una cosa y otra terminamos cenando (un poco como el anuncio ese de los quesos). Es curioso ver como mi suegro que en su casa dice que no cena o cena muy poco se comió un sandwich, ensalada, queso y otro helado.

Con la cena casi terminada y con el sol ya puesto empiezan a verse las primeras estrellas. De hecho la primera, que era Antares, las demás «estrellas» eran Saturno, Júpiter y Marte. Aprovecho para contarle a mi suegra que son planetas y no estrellas y entonces viene lo del título: «Tú que sabes cosas del cielo… ¿Qué fue lo que vimos un día por la noche durante la guerra que el cielo parecía una cortina roja?»

Después vino una explicación detallada de cómo una vecina muerta de miedo se vino a su casa y de cómo estuvieron discutiendo que podría ser aquello, un bombardeo, algún incendio o la ira de Dios. Y también de cómo decidieron que ante cualquiera de las posibilidades que se planteaban lo mejor era rezar y que así estuvieron hasta que la luz roja desapareció.

Y lo más curioso es que sí que sabía que ocurrió una noche de 1938, porque hace tiempo lo escuché en la radio. En enero del 38 hubo una aurora boreal que se pudo ver hasta Andalucía. Buscamos en google y le enseñamos una foto para que la identificase. Efectivamente era lo que vio. Lo que yo no sabía yo era que lo de rezar el rosario no era tan mala idea.